Cuando lo eterno vale más que lo urgente


Colosenses 3:2 nos dice:

«Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.»

Recuerdo que cuando era joven escuchaba a un predicador decir una frase que nunca olvidé. Él hablaba de las personas que hacen una «oración tipo microondas» y decía que hay quienes llegan a la presencia del Señor y prácticamente le dicen: «Señor, lo que te digo hoy, te lo digo mañana. Amén.» Con esta expresión quería ilustrar una realidad que muchas veces vivimos: estamos tan ocupados, tan apresurados y tan enfocados en nuestras múltiples responsabilidades que terminamos dedicándole a Dios apenas unos minutos de nuestro tiempo. Queremos que Él escuche nuestras peticiones, pero pocas veces nos detenemos para escuchar Su voz. Vivimos corriendo de una tarea a otra, dejando para después aquello que debería ocupar el primer lugar en nuestra vida: nuestra comunión con Dios.

Vivimos en una sociedad donde todo parece urgente. Las responsabilidades del hogar, el trabajo, los estudios, las redes sociales y las múltiples demandas diarias compiten constantemente por nuestra atención. Sin darnos cuenta, podemos pasar horas atendiendo asuntos temporales mientras descuidamos aquello que tiene un valor eterno.

La realidad es que muchas de las cosas que hoy nos preocupan perderán importancia con el paso del tiempo. Los afanes, las metas terrenales y las preocupaciones de cada día son pasajeras. Sin embargo, nuestra relación con Dios, nuestra obediencia a Su Palabra, el tiempo que invertimos en Su presencia y el impacto espiritual que dejamos en otros tienen consecuencias eternas.

Jesús enseñó esta verdad de manera poderosa cuando visitó el hogar de Marta y María. Mientras Marta estaba ocupada con muchos quehaceres, María decidió sentarse a los pies de Jesús para escuchar Sus enseñanzas.

«Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.» Lucas 10:41-42.

Jesús no estaba menospreciando el servicio de Marta. Lo que estaba señalando era que, aun en medio de las responsabilidades, existe una prioridad que no puede ser reemplazada: pasar tiempo con Él. María entendió que estar en la presencia del Señor era más importante que cualquier otra actividad.

Hoy enfrentamos el mismo desafío. Podemos llenarnos de compromisos, actividades e incluso responsabilidades ministeriales, y aun así descuidar nuestra comunión con Dios. Es posible trabajar para Él y, al mismo tiempo, alejarnos de Él. Por eso debemos evaluar constantemente nuestras prioridades y asegurarnos de que nuestro corazón permanezca conectado al Señor.

Poner nuestra mirada en las cosas de arriba significa vivir con una perspectiva eterna. Significa recordar que nuestra vida en esta tierra es temporal y que nuestras decisiones diarias deben estar alineadas con los propósitos de Dios. Significa valorar la oración, la lectura de la Palabra, la adoración y el servicio al Señor como inversiones que producen fruto eterno.

Al final de nuestra vida, no será la cantidad de tareas completadas la que tendrá mayor importancia, sino la fidelidad con la que caminamos junto a Dios. Lo que realmente permanecerá será aquello que hicimos para Su gloria y para el avance de Su Reino.

Cuando lo eterno vale más que lo urgente, aprendemos a detenernos para buscar a Dios antes de que las demandas del día consuman nuestras fuerzas. Aprendemos a darle prioridad a Su presencia, a escuchar Su voz y a vivir conforme a Su voluntad. Es allí donde encontramos dirección, propósito y verdadera paz.

Oración

Amado Padre celestial, gracias por recordarme que las cosas más importantes de la vida no siempre son las más urgentes. Perdóname por las veces que he permitido que los afanes, las preocupaciones y las responsabilidades ocupen el lugar que solo te corresponde a Ti. Ayúdame a mantener mis ojos puestos en las cosas eternas y a valorar más Tu presencia que cualquier ocupación temporal.

Enséñame a buscarte cada día con un corazón sincero, a escuchar Tu voz en medio del ruido de este mundo y a caminar conforme al propósito que has diseñado para mi vida. Que nunca esté tan ocupada que no tenga tiempo para orar, adorarte y meditar en Tu Palabra. Ayúdame a vivir para aquello que realmente importa y a invertir mi vida en lo que tendrá valor eterno.

En el nombre de Jesús, amén.


Pregunta para reflexionar

Si revisara cómo invierto mi tiempo cada día, ¿reflejaría que estoy viviendo para lo eterno o solamente para lo urgente?


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