
Texto bíblico: Salmos 103:1-3
«Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.»
Muchas veces, quien está enfermo no lo sabe. Es necesario acudir a un médico para recibir un
diagnóstico y comenzar un tratamiento. Puede que la persona sane o puede que no.La sanidad interior, sin embargo, es completa y sobrenatural. No depende de un médico, de undiagnóstico ni de un tratamiento. Tampoco depende de que otros te pidan perdón. Pero sídepende de que tú perdones y pidas perdón a Dios. Ese es el primer paso hacia la sanidad interior: el perdón.
La sanidad interior es activada por la fe en Dios. Aunque el panorama exterior parezca negativo, la sanidad interior nos permite ver nuestras circunstancias desde una perspectiva cristocéntrica. Esa posición de fe renueva nuestro interior cada día. Los problemas y las malas noticias ya no tienen el mismo efecto, porque experimentamos una paz profunda en nuestro cuerpo, alma y espíritu, una paz que actúa como un ancla. No permite que seamos arrastrados por nuestras emociones ni por las corrientes de este mundo. Esa ancla es Jesús.
No hay nada ni nadie que pueda movernos de ese lugar de plena paz y certeza.
Somos humanos, y las aflicciones inevitablemente nos causarán dolor. Sin embargo, el Señor nos promete caminar con nosotros y sanarnos. A medida que el proceso de sanidad se desarrolla en nuestra vida, comenzamos a notar pequeños cambios en nuestra manera de pensar, actuar y ver las circunstancias. Otros también pueden notar esas diferencias. A veces son cambios muy sutiles, pero son evidencia de que Dios está obrando sanidad en nuestro interior.
El salmista nos exhorta dos veces a bendecir al Señor, no solo con nuestros labios, sino desde lo más profundo de nuestra alma. Nos invita a expresarle un agradecimiento sincero que brote de cada parte de nuestro ser.
También nos recuerda que no olvidemos Su santo nombre ni ninguno de Sus beneficios. Esto es muy importante porque, en ocasiones, nos distraemos con el dolor y llegamos a confiar en queotras personas podrán sanarnos. Pero Dios es nuestro Médico por excelencia. Él es quien nos fortalece y nos ayuda a seguir adelante en medio de nuestras heridas. No es por nuestra propia fuerza ni por nuestra voluntad.
Las dolencias que experimentaremos a lo largo de la vida serán muchas, pero Dios sigue siendo el mismo ayer, hoy y por los siglos. Sus promesas continúan vigentes, y Su poder para sanar no ha cambiado.
No te distraigas mirando el problema o concentrándote en el dolor. Sigue confiando en Dios. Tu alma recibirá grandes bendiciones que producirán paz y sanidad interior. Y llegará el día en que mirarás atrás y descubrirás que aquello que tanto te dolía ya no tiene el mismo poder sobre ti.
Oración
Señor, gracias porque eres el Dios que sana todas mis dolencias. Hoy pongo delante de Ti cada herida, cada recuerdo doloroso y cada carga que aún pesa sobre mi corazón. Ayúdame a perdonar a quienes me han lastimado y a recibir Tu perdón con humildad. Renueva mi mente, fortalece mi fe y llena mi alma de Tu paz. Que pueda confiar en Tus promesas aun cuando no vea resultados inmediatos. Gracias porque estás obrando en mí y porque Tu sanidad alcanza cada área de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
Pregunta para reflexionar
Antes de despedirnos, reflexionemos juntas:
¿Hay alguna herida en tu corazón que aún le estás permitiendo controlar tus pensamientos, emociones o decisiones? ¿Estás dispuesta a entregársela completamente a Dios para que Él comience Su obra de sanidad en tu vida?
CONÉCTATE
Comparte tu respuesta en los comentarios o envíanos un mensaje. Queremos orar contigo y animarte a seguir caminando con Cristo como tu centro.
¡Gracias por ser parte de esta comunidad de mujeres que buscan al Rey cada día!
¿Este devocional te bendijo?
Ayúdanos a llegar a más Hijas del Rey.
Tu donación nos permite seguir compartiendo mensajes que edifican.
Haz tu donación aquí
