El poder de la palabra declarada


Proverbios 18:21 (NTV)

La lengua puede traer vida o muerte;
los que hablan mucho cosecharán las consecuencias.

En nuestra boca hay poder para dar vida y también para traer muerte.
Lo que hablamos, eso mismo cosecharemos. Por eso, debemos ser rápidos para escuchar y tardos para responder (Santiago 1:19).

En una ocasión escuché a alguien decir que las palabras son como un vaso de agua derramado: no se puede recoger. Por esa razón, debemos considerar cuidadosamente lo que sale de nuestra boca. Debemos hablar palabras de bendición y de fe, que edifiquen, ayuden a crecer y levanten a los demás.

Al escribir este devocional, pienso en la mujer cananea.
Mateo 15:21-28 nos relata que esta mujer clamaba detrás de Jesús diciendo:

«Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es gravemente atormentada por un demonio.»

Según la Palabra, ella no era del pueblo de Israel; era gentil. Los discípulos le pedían a Jesús que la despidiera, pues insistía con su clamor.
Cristo le dijo que Él había venido para las ovejas perdidas de Israel. Sin embargo, ella reconoció que no era digna, pero respondió:

«Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»

Jesús reconoció su perseverancia y su fe, y declaró una palabra sobre su hija que la liberó de la esclavitud espiritual:

«Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres.»

Nuestra fe provoca que nuestras palabras declaradas de sanidad y liberación activen milagros en nuestras vidas.
Declaremos que la Palabra de Dios está dentro de nosotros y que, fortalecidas por el poder del Señor cada día, podemos permanecer firmes.

Por una palabra:

  • Diez leprosos fueron sanados (Lucas 17:11-19).
  • Lázaro salió de la tumba: «¡Lázaro, ven fuera!» (Juan 11:43-44).
  • La hija de Jairo, líder de la sinagoga, fue resucitada: «Talita cumi» (Marcos 5:41).

El Señor sigue buscando mujeres como tú, hija del Rey, que se atrevan a declarar Su palabra sobre los muertos espirituales, sobre los enfermos y sobre toda situación que necesita vida.

Oremos:
Oh Padre celestial, Dios Altísimo,
te damos gracias por este ministerio y por cada una de las Hijas del Rey.
Ayúdanos a que nuestras palabras sean gratas, de edificación y de bendición.
En el nombre de Jesús, amén.


Pregunta para reflexionar:
¿Estoy declarando palabras que traen vida o palabras que provocan muerte?



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