“La mujer sabia edifica su casa;
Mas la necia con sus manos la derriba.” – Proverbios 14:1
La mujer que edifica con sus palabras es considerada sabia. Se caracteriza por hablar con cuidado para no herir ni ofender a otros. Ofrece buenos consejos, dice la verdad y no destruye.
Hemos llegado a conocer un libro de la Biblia que es verdaderamente inspirador: el libro de Proverbios. Este libro fue escrito con el propósito de instruirnos. Como esposa, madre, hija, hermana y servidora, necesitamos guianza.
¿Cuántas anhelan vivir una vida consagrada y agradable a Dios, aun dentro de un mundo corruptible?
El capítulo 1 del libro de los Proverbios, versículo 2, dice que el propósito de los proverbios es enseñar sabiduría y disciplina, y ayudar a las personas a comprender la inteligencia de los sabios. El versículo 3 añade que su propósito es enseñarles a vivir una vida disciplinada y exitosa, y ayudarles a hacer lo que es correcto, justo e imparcial.
Dios nos ha provisto herramientas esenciales para el apoyo y cuidado familiar, así como para la edificación y restauración de quienes nos rodean. Entre ellas, la Palabra de Dios destaca como una poderosa medicina para el espíritu, tal como lo afirma Proverbios 4:22:
«La palabra del Señor es medicina para el cuerpo.»
Para edificar y levantar a otros de manera efectiva, es crucial compartir con convicción la Palabra divina. Confiemos en que el Espíritu de Dios obrará milagros a través de ella.
Recuerdo que cuando comencé en los caminos del Señor, mi esposo y yo discutíamos la Palabra de Dios a tal punto que nos alterábamos. Yo oraba y pedía perdón; le decía: “Señor, cada vez que hablo tu Palabra con él, terminamos discutiendo. Ayúdame, Señor, por favor.”
Pasó un largo tiempo. Incluso llegué a sentir miedo de hablar o testificar sobre las grandezas de Dios porque no quería ofender ni pecar; prefería callar. Pero me decía: «No me rindo,» y seguía orando y estudiando la Palabra de Dios.
Un día, sin darme cuenta, Dios no solo escuchó, sino que concedió la petición de mi corazón. El Señor renovó mis palabras, y ahora cuando menciono textos o historias de la Biblia, él escucha.
Con mis hijos también comparto la Palabra de Dios, que los edifica. ¡Dios hará lo imposible!
Salmos 34:13-14
«Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela.»
La mujer que edifica se distingue por su hablar: evita las malas palabras, las ofensas y el engaño. Su conducta refleja cuidado y amor, inspirados en el amor de Cristo.
Oración
Padre Celestial, gracias por este día. Gracias por tu Espíritu Santo, mi ayudador y consolador. Que tú bendigas a todas las Hijas del Rey.
Dios, fácilmente podríamos quedar atrapadas en situaciones no tan buenas; por favor, ayúdanos a que todo lo que digamos y hagamos sea agradable a tus ojos. Queremos siempre agradarte y honrarte. Tu Palabra es viva y eficaz. Cada palabra tuya es inspirada por ti. Está escrito:
“Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti.”
Esa es la esencia de todo lo que tú nos has enseñado por tu Palabra. Dios mío, en el nombre de Jesucristo te lo pido.
Amén.
Pregunta para reflexionar:
¿Estoy usando mis palabras para edificar y reflejar el amor de Cristo en mi familia y comunidad?


Una respuesta a “La Mujer que Edifica con sus Palabras”
Amén gracias Señor por tu sabiduría. Ayúdame cada día a usar mis palabras para edificar.
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