
¿Alguna vez has pedido algo a Dios y no has visto la respuesta? A veces, nos encontramos en una sala de espera espiritual. Imagina que entras a un hospital con una necesidad urgente. Explicas tu situación y te dicen: “Siéntate y espera a que te llamen.” Lo haces, pero pasan minutos, luego horas, y la espera se torna angustiante. Nada es más desesperante que tener una necesidad que requiere atención inmediata y no recibir respuesta de inmediato.
Pero, ¿qué sucede cuando esa «sala de espera» dura meses o incluso años? La gran pregunta es: ¿qué hacemos mientras esperamos?
Esperar no es fácil. Puede llevarnos al desánimo, la desesperación e incluso al agotamiento. Sin embargo, si en medio de la espera depositamos nuestra confianza en Dios, todo cambia. La Biblia nos dice en Isaías 40:31:
«Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»
Cuando esperamos en Dios, somos fortalecidos. Durante ese proceso, Dios nos capacita y nos prepara para lo que viene. Tal vez en la espera lleguen angustias, ansiedades, temores y pruebas que intenten debilitar nuestra fe, pero no podrán, porque nuestra confianza está puesta en el Señor.
Es posible que, mientras esperas la respuesta a tu oración, la situación parezca empeorar. Puede que te preguntes: «Señor, ¿qué está pasando?» No olvides que el enemigo conoce tu propósito y buscará desanimarte. Pero aunque sientas que te ahogas en la situación, Dios te da esta promesa en Isaías 43:2-3:
«Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.»
Dios está contigo. Lo que enfrentas no es tu final. Él te sostendrá, te fortalecerá y te preparará. Aun cuando no veas nada, cuando la espera se haga más difícil, Dios está obrando. La promesa sigue en pie: en la espera levantarás alas como las águilas, correrás y no te cansarás, caminarás y no desmayarás. Tu gozo no dependerá de las circunstancias, sino del Dios que cumple sus promesas.
Tu petición está registrada en el libro de Dios. Mientras esperas en Él, te capacitará, fortalecerá y aumentará tu fe para recibir lo que has pedido. No dejes de orar. No dejes de clamar. Como dijo el salmista:
«Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.» (Salmo 40:1).
Esperar pacientemente implica una espera activa, llena de esperanza. No es una espera pasiva ni resignada, sino una actitud que refleja la fe y las promesas de Dios en nuestras vidas. David esperó con la certeza de que el Señor respondería su clamor. Que esta declaración sea también la nuestra, mientras aprendemos a confiar plenamente en Aquel que siempre cumple sus promesas.
Oramos:
Señor, hoy decido esperar en Ti con fe y paciencia. Aunque mis ojos no vean la respuesta aún, confío en que estás obrando en mi favor. Dame nuevas fuerzas en este proceso, ayúdame a levantar mis alas como las águilas y a confiar en que todo lo que has prometido se cumplirá. Renueva mi espíritu, fortaléceme y ayúdame a ser testimonio de Tu fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.
Pregunta Para Reflexionar:
¿Estoy esperando en Dios con una fe activa y confiada, o me he dejado llevar por la desesperación y la duda en mi proceso de espera?
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Una respuesta a “Cuando Espero, Soy Más Fuerte”
Amen Pastora doy gracias a Dios por ayudarme a esperar a través de distraerme de lo que quiero a enfocarme más en el
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