Versículo Clave:
“Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
— Colosenses 3:17 (RVR1960)
Eran las siete de la mañana. Solo me quedaba media hora para alistar a los niños para la escuela. Me levanté rápidamente, hice todo lo posible por preparar a los niños con agilidad, y cuando salimos, para colmo, me encuentro con una de las llantas del carro completamente desinflada. Perdí aún más tiempo.
Finalmente, luego de resolver el problema, llevé a mi hijo a la escuela. De regreso a casa, al entrar a la autopista, veo que se enciende la luz de gasolina en el tablero. No lo podía creer… el tanque estaba casi vacío. Me desesperé por un momento y pensé: “¿Y si me quedo aquí parada? ¿Qué voy a hacer? ¡No veo ninguna gasolinera cerca!”
En ese instante comencé a clamar a Dios:
«Señor, por favor, ayúdame a llegar a tiempo, por favor, ayúdame…»
Solo repetía esa oración una y otra vez. Minutos después, apareció una gasolinera. Me detuve y Dios me permitió llenar el tanque. ¡Qué alivio sentí! Solo pude decir:
“Gracias, Dios. Necesitaba tu guía y dirección.”
Ese día entendí que la ayuda de Dios no solo llenó el tanque de mi carro, sino que también llenó mi alma.
A veces, las rutinas diarias nos arrastran a un ritmo vertiginoso que nos desgasta emocional, física y espiritualmente. Así como un auto necesita gasolina para seguir andando, nuestra vida espiritual necesita de la disciplina diaria para no quedar vacía.
Vivimos entre el trabajo, los estudios, las responsabilidades familiares, tareas repetitivas y compromisos que nos consumen. Pero es precisamente en esos días comunes y corrientes donde se prueba nuestra fidelidad, y donde la disciplina espiritual cobra su mayor valor.
Dios no solo se manifiesta en los grandes eventos o milagros visibles, sino también en medio del caos cotidiano, en la rutina, en los suspiros del cansancio, en las oraciones simples y hasta en un clamor desesperado desde el asiento del auto.
Un ejemplo poderoso de esto lo vemos en la vida de Daniel. A pesar de tener un cargo de alta responsabilidad en el gobierno de Babilonia, lleno de tareas y exigencias, Daniel mantenía una disciplina espiritual inquebrantable. Oraba tres veces al día, con las ventanas abiertas hacia Jerusalén (Daniel 6:10), sin importar su agenda ni las consecuencias. Fue esa rutina de oración lo que lo sostuvo en medio de un sistema que no temía a Dios, y fue esa fidelidad en lo cotidiano lo que lo llevó a ver el poder de Dios en el foso de los leones.
Así como Daniel, también nosotros estamos llamados a buscar a Dios con intención, aun en lo más común de nuestros días. Hacer espacio para Dios no requiere de momentos perfectos, sino de corazones dispuestos. Cuando vivimos con conciencia espiritual, hasta preparar el desayuno o conducir al trabajo puede convertirse en adoración. No podemos ignorar nuestro tanque espiritual: sin oración, sin Palabra, sin adoración, el alma se apaga. La disciplina espiritual es una siembra, y lo que hoy cultivas en lo secreto te sostendrá en tiempos difíciles.
Oración:
Señor, en medio de mis días más ocupados, no quiero olvidarme de Ti. Ayúdame a mantenerme conectada a tu presencia, incluso cuando todo parezca rutinario y sin emoción. Enséñame a cultivar una disciplina que me fortalezca, me llene y me acerque más a ti. Que cada paso de mi día esté lleno de tu presencia y tu paz. En el nombre de Jesús, amén.
Pregunta para reflexionar:
¿Estás tomando tiempo en medio de tu rutina diaria para llenar tu tanque espiritual con la presencia de Dios?


3 respuestas a “Disciplina Espiritual en Tiempos de Rutina”
Dtb Pastora, Amen!
Recuerdo cuando tenia que ir a vistar a mi hijo, casi 2 horas, la mayoria tuve qué irme sola. Las veces que me pierdir en el camino, la vez que dejé la llave en el auto. Esos viajes me daban meido caundo oscuricia. Que desesperación, pero tambien clame al Señor y el me oyó. Nunca me dejó desamparada. Manejaba cantándo y orando y vea la mano de Dios. Gracias por este devociónal Pastora me toco el corazón.
Me gustaMe gusta
Gracias Señor por este testimonio y por tu protección y provisión cada día. Yo he sentido tu rescate en mi vida una y otra vez. Nadie más como tú. Eres asombroso impresionante poderoso.
Me gustaMe gusta
Gracias por recordar la importancia de la presencia de Dios en las pequeñas tareas cotidianas.
Me gustaMe gusta