Versículo: Eclesiastés 3:1
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” — Eclesiastés 3:1 (RVR1960)
Es inevitable: todas vamos a pasar por pruebas. Todas vamos a experimentar diferentes temporadas. Un famoso filósofo griego llamado Heráclito decía que lo único constante es el cambio. Esta frase resume perfectamente lo que leemos en Eclesiastés 3. Esto nos indica que los cambios son parte natural de la vida, y cada cambio representa una nueva temporada. Si esos cambios serán buenos o malos dependerá de nuestra fe y nuestra posición como hijas de Dios. Lo importante es estar preparadas.
Tal vez aún no te ha tocado vivir muchas altas y bajas, pero te aseguro que las temporadas llegarán. Cada etapa requiere que estemos alertas, espiritualmente atentas. Casi siempre, las temporadas vienen con avisos: a veces sutiles, otras veces muy evidentes.
Eclesiastés 3 no solo nos advierte, también nos da seguridad: para Dios, nuestras temporadas no son sorpresa, porque Él lo sabe todo. Y aún más, Él tiene la respuesta que necesitamos para atravesarlas.
Dios ya escribió el libro de nuestras vidas; Él sabe cómo empieza y cómo termina. A nosotras nos toca vivir confiando en Él. ¿Cómo confiamos en Dios? Leyendo Su Palabra, orando y esperando con fe hasta que la temporada se cumpla. Cuanto más conocemos a Dios, mayor es nuestra confianza en Su perfecta voluntad.
Durante el tiempo de espera, debemos profundizar nuestra intimidad con Dios. Esa relación de hija con el Padre nos ayuda a confiar más fácilmente, pues ya no somos extrañas. Tenemos ejemplos personales y testimonios de otras mujeres que atravesaron temporadas difíciles. La paz de Dios en cada temporada nos fortalece para mantenernos firmes en la fe, reconociendo que todo tiene su tiempo y propósito.
Dios es un buen Padre y siempre está atento para ayudarnos. Como buen Padre, nos dejó el mensaje de Eclesiastés 3 para mostrarnos que Su rescate y alivio están disponibles. Qué hermoso es saber de antemano que vendrán temporadas, y que Dios tiene un tiempo específico para todas las cosas.
Mientras más lo conocemos, más vivimos conforme a Sus planes para nuestra vida, nuestra familia y nuestro ministerio. Confiar en Dios en cada temporada nace de una relación con el Padre a través de Su Hijo Jesucristo.
Démosle gracias por todo, sin quejarnos de si es una buena o mala temporada, porque para Dios todos los días son buenos, y cada temporada es necesaria para cumplir Su propósito en nosotras. Recuerda: las temporadas tienen que suceder… pero también pasarán, porque Dios lo promete.
Una lección que aprendí durante una temporada difícil fue dejar de preguntarle a Dios: “¿Por qué?”, y empezar a preguntarle: “¿Cómo paso por esto, Señor? Ayúdame.” Ese cambio de enfoque transformó mi perspectiva y trajo alivio a mi corazón. Espero que también lo traiga al tuyo.
Oración
Padre, te damos gracias por tu amor, gracia y misericordia. Gracias por no darnos más de lo que podemos soportar. Gracias por los cambios y por cada temporada. Ayúdanos a buscarte cada día con mayor intimidad y estar siempre atentas a tu divina ayuda y rescate. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.
Pregunta para reflexionar:
¿Qué aprendiste sobre ti misma y sobre Dios en tu última temporada difícil, y cómo eso fortaleció tu fe?

