«También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,» Lucas 18:1
Una de las canciones que no faltaba en casa de mi madre era aquella que decía: “El poder del cristiano está en la oración”. Aunque era joven en aquel entonces, no entendía en plenitud las verdades profundas que se esconden en la letra de esta canción. Sin embargo, a medida que fui creciendo espiritualmente, pude comprender la importancia vital de la oración en nuestras vidas.
La oración es una herramienta poderosa que nos permite acceder a la presencia de Dios y a sus bendiciones. Nos ayuda a fortalecer nuestra fe, a discernir la perfecta voluntad de Dios y a mantenernos firmes en el caminar diario. Pero, ¿qué es realmente la oración constante?
La oración no debe ser algo momentáneo, reservado únicamente para los tiempos de crisis. Más bien, debe ser una práctica persistente y continua en todo momento de nuestras vidas, para que podamos vencer en nuestro caminar con Dios.
Esto me lleva a recordar la parábola del juez injusto que Jesús compartió con sus discípulos para enseñarles “sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar” (Lucas 18:1). En esta historia, Jesús presenta a un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres, y a una viuda que, sin respaldo humano alguno, se presentaba constantemente ante el juez exigiendo justicia.
Aunque el juez no era justo, terminó concediendo la petición de la viuda debido a su persistencia incansable; no por amor a la justicia, sino para evitar la molestia de escucharla continuamente.
Jesús nos enseña aquí una lección poderosa: la importancia de orar constantemente, incluso cuando las respuestas no son inmediatas.
Me imagino a aquella viuda, yendo cada día con más determinación. De igual manera, puede ser que hoy sientas que tus oraciones tardan en ser respondidas, pero debemos recordar que, en el tiempo perfecto de Dios, Él responderá a las oraciones persistentes de sus hijos, conforme a Su voluntad y para nuestro bien.
La Biblia nos exhorta:
«Orad sin cesar.» (1 Tesalonicenses 5:17)
No dejemos de presentarnos delante de nuestro buen Juez celestial, sabiendo que Él es justo, fiel y escucha el clamor constante de sus hijos.
Oración final:
Señor amado, enséñanos a perseverar en la oración como aquella viuda perseveró ante el juez injusto. Fortalece nuestra fe para no desmayar, y ayúdanos a confiar en que tus respuestas llegan en el tiempo perfecto. Que en cada momento de nuestra vida, la oración sea nuestro refugio, nuestra fuerza y nuestro vínculo constante contigo. En el nombre de Jesús, amén.
Pregunta para reflexionar:
¿Estoy buscando a Dios con una oración constante o solo recurro a Él en tiempos de necesidad?

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