Escrito Por: Myrta Marrero

Hebreos 13:1-2
«Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de la hospitalidad, porque algunos, sin saberlo, han hospedado ángeles.»
La hospitalidad es la práctica de recibir a los demás con amabilidad, generosidad y disposición para responder a sus necesidades. En la Biblia, se nos enseña que la hospitalidad es un deber sagrado que debemos practicar con todos, sean amigos o extranjeros. Es mucho más que ser simplemente amigable; se trata de obedecer a Dios y de modelar el evangelio en nuestro día a día. Nuestro hogar puede ser un refugio especial para la familia de la fe, por lo que debemos ofrecer hospitalidad de corazón y sin hacer acepción de personas.
1 Pedro 4:9
«Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.»
Este versículo nos recuerda la necesidad de mostrar amor y hospitalidad hacia los demás sin juzgarlos ni criticarlos. Es fundamental ser amables, acogedores y corteses, sin juzgar a las personas por sus antecedentes, religión, orientación sexual, raza o cualquier otro factor. La hospitalidad que nos invita a practicar Pedro es una forma de amar a los demás tal como son, con sus defectos y virtudes. Además, se nos advierte contra las murmuraciones, pues hablar mal de otros puede generar divisiones y resentimientos, algo incompatible con la fe en Cristo, que nos llama a amar y perdonar.
La hospitalidad cristiana implica:
- Crear un espacio seguro y acogedor.
- Escuchar y comprender a los demás.
- Servir y defender a las personas oprimidas.
- Compartir la vida con la familia de la fe.
- Invertir tiempo y recursos en otros.
- Modelar la vida cristiana para nuevos creyentes.
Génesis 18:1-15
La hospitalidad bíblica nos enseña a tratar por igual a extraños y amigos, acogiendo a todos en nuestros hogares. La historia de Abraham es un claro ejemplo: recibió a tres hombres, quienes se revelaron como ángeles, y les ofreció comida y bebida. A cambio, ellos le profetizaron que Sara tendría un hijo, a pesar de la avanzada edad de ambos.
La Palabra de Dios también nos dice en Mateo 19:26:
«Y mirándolos, Jesús les dijo: Para los hombres esto es imposible; pero para Dios todo es posible.»
Esto nos recuerda que Dios tiene el poder para cumplir sus promesas, y que, como creyentes, debemos confiar en Él.
En el Nuevo Testamento, Jesús mismo enseña acerca de la hospitalidad. Uno de los ejemplos más conmovedores es la parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37), que destaca la importancia de tener compasión por los necesitados como parte esencial de la fe salvadora y la obediencia a Cristo. Amar a Dios implica amar al prójimo, y la gracia que recibimos de Cristo debe transformarse en amor, misericordia y compasión hacia los afligidos. Es responsabilidad del creyente dejar que el amor del Espíritu Santo se manifieste, evitando endurecer el corazón. Quienes dicen ser creyentes pero permanecen insensibles al sufrimiento ajeno demuestran la falta de Dios en sus vidas.
Oración
Señor Jesús, te doy gracias porque cada día aprendemos más de ti. Bendice a cada persona que lee esta palabra y ayúdanos a amarnos más unos a otros, poniendo en práctica Tu voluntad. Que podamos ayudar a todos los necesitados, conforme a Tu palabra, y que, al ver a quienes están caídos, seamos instrumentos para levantarlos. Gracias, Espíritu Santo, por habitar en cada uno de nosotros y por usarnos poderosamente. Gracias, Padre, por Tu amor incondicional. Te entrego todo en Tus manos, en el nombre de Jesús.
¡Que Dios bendiga siempre a todos!
Pregunta para Reflexionar:
¿De qué manera puedes practicar la hospitalidad en tu vida diaria, mostrando amor y respeto a quienes te rodean sin hacer acepción de personas?


Una respuesta a “El Hogar Como Lugar De Hospitalidad y Fe”
Amen gracias hermana Mirta precioso devocional. Me gusta la parte de sin discriminar a personas. Recibí refugio abundante durante mi vida. Gracias señor
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