La Alegría De Compartir El Evangelio


“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”

Este es uno de los primeros versículos que aprendí y que recitaba mientras esperaba el llamado de Dios. Siempre llenó mi corazón de alegría y reafirmó mi identidad como hija de Dios, recordándome que Su Espíritu habita en mí.

En esta porción bíblica, Jesús lee del libro del profeta Isaías (Isaías 61:1-3) mientras se dirige a la sinagoga en Nazaret. Jesús sabía que Su tiempo en la tierra estaba por terminar. Con este acto, Él trae a memoria las palabras profetizadas sobre Su ministerio, dejando claro quién era y a qué había venido. Este momento poderoso nos recuerda que la palabra de Dios se cumple, y que Jesús es la promesa y las buenas nuevas de salvación.

Como hijos de Dios, Jesús es nuestro modelo a seguir. Él nos mostró cómo el Espíritu Santo nos equipa para cumplir Su propósito. Dios creó al ser humano como un ser tripartito: cuerpo, alma y espíritu. Mientras que el cuerpo es lo físico, el alma es donde residen nuestras emociones, y el espíritu es la esencia que conecta con Dios. Los hijos de Dios son influenciados por el Espíritu Santo, quien nos unge y nos capacita para compartir las buenas nuevas.

La unción es una obra especial de Dios, simbolizada en las Escrituras como el acto de derramar aceite para consagrar a alguien para un propósito divino. Aunque este acto puede realizarse públicamente por pastores o líderes, la verdadera unción viene directamente del Espíritu Santo, quien permanece en los hijos de Dios como promesa y regalo.

Las buenas nuevas de salvación
Jesús vino a traer un nuevo pacto, accesible a todo el que cree y se arrepiente. Ya no dependemos de la ley dada a Moisés, sino de la gracia y la salvación a través de Cristo. Al aceptar a Jesús como nuestro Salvador, somos sellados por el Espíritu Santo y recibimos una identidad y propósito divino. Nuestra visión es imitar a Cristo, y nuestra misión es cumplir el mandato de compartir el evangelio y hacer discípulos (Mateo 28:19-20).

La porción de Lucas 4:18-19 nos conecta con realidades humanas que todos hemos enfrentado:

  • Los pobres: Aquellos que carecen de bienes materiales, fe o esperanza.
  • Los quebrantados de corazón: Personas que atraviesan dolor emocional y espiritual.
  • Los cautivos: Quienes están atrapados en el pecado, la culpa o situaciones difíciles.
  • Los ciegos: No solo físicamente, sino espiritualmente, quienes necesitan la luz de Dios para ver Su verdad.
  • Los oprimidos: Aquellos que sufren bajo cargas emocionales, espirituales o sociales.

Jesús vino para sanar, liberar y restaurar. Esta misión sigue viva en nosotros cuando llevamos Su evangelio a otros.

La alegría de compartir el evangelio
Con el entendimiento de nuestra misión, sé que voy de parte de Dios. Las personas enfrentan luchas y sentimientos complejos, pero la necesidad de Cristo es simple y universal. Me alegra llevar una palabra de aliento, fe y esperanza.

Recuerdo cómo conocí al Señor en un momento difícil de mi vida, con el corazón quebrantado y atrapada en emociones negativas. El poder de una oración intercesora penetró todo mi ser, conectándose con mi espíritu y comenzando un proceso de sanidad. Esa experiencia transformó mi vida y me dio la pasión de compartir el evangelio.

Me alegro cuando alguien visita la iglesia y se queda, cuando alguien decide bautizarse, cuando sirvo en el ministerio, o incluso cuando escribo y comparto reflexiones de la Palabra. Me alegro al orar con otros, porque sé que Dios está presente y obrando.

Nunca estamos solos. Dios nos llama a llevar Su mensaje a todo lugar y a toda persona. No soy yo, Josie, quien va; es una hija de Dios con un testimonio del poder transformador de Su amor quien es enviada. Así lo creo y así lo vivo.

Oración:
Padre, te damos gracias por todas tus bendiciones. Gracias por tu palabra y las buenas nuevas de salvación. Gracias porque nos has dado de tu Espíritu para compartir a Jesús con otros. Gracias por la gran familia de la fe que nos has regalado.

Te pido que ayudes a tus hijos a compartir a Cristo con valentía y amor. Que tu palabra consuele en los momentos difíciles y que las personas lleguen a conocerte, amarte, servirte y permanecer en ti. Que la unción de tu Espíritu Santo sea evidente en nuestras vidas. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.


Preguntas Para Reflexionar:

¿De qué manera puedes usar los dones y la unción que Dios te ha dado para compartir el evangelio con quienes te rodean?

¿Cómo puedes reflejar la compasión y esperanza de Jesús al interactuar con personas que necesitan las buenas nuevas de salvación?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descubre más de Las Hijas Del Rey

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Continue reading