Devocional en Las Hijas del Rey :
Oración en Tiempos Difíciles
Escrito por: Graciela Crespo
En la voz de Jacqueline Guerrero
Cuando llegaron tiempos difíciles, Jesús iba y oraba al Padre. Los tiempos difíciles engendran almas fuertes. Los tiempos difíciles no duran.
«Entonces Jesús les dijo: ‘Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.’ Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: ‘Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.’ Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: ‘Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.’» (Mateo 26:38-39, 42)
En esta ocasión, fueron a un lugar llamado Getsemaní. Getsemaní tiene múltiples significados:
Huerto: Un jardín en el Monte de los Olivos, al este de Jerusalén, donde Jesús oró, fue traicionado y arrestado.
Lugar de sufrimiento: Un lugar de dolor mental o espiritual.
Prensa de aceite: El nombre Getsemaní proviene del hebreo gat shemanim, que significa «prensa de aceite», sugiriendo que el jardín era un olivar con una prensa de aceite.
Solo puedo imaginar lo difícil que fue ese día para Jesús, y por tantas razones. Es difícil describir lo que sentimos cuando enfrentamos momentos difíciles en nuestras vidas. Fue el último lugar donde tuvo a sus discípulos cerca de Él. Ellos no sabían lo que iba a acontecer, aunque Jesús trató muchas veces de decírselo. Allí, Jesús estuvo orando, llorando y esperando. Tres veces fue delante del Padre. La Biblia dice que mientras sus discípulos dormían, Él oraba a Dios. Jesús estaba entristecido y con el espíritu abatido. ¿Por qué? Porque iba a ser arrestado, humillado, maltratado y crucificado por toda la humanidad. La oración de Jesús fue un clamor desde lo más profundo de Su corazón, una entrega total y aceptación de lo que estaba por venir. La voluntad y el propósito de Dios se cumplirían en y a través de Él.
Querida hija del Rey, te aconsejo que ores, que clames y que llores. Entra en tu cuarto secreto y cierra la puerta. Allí es donde nos preparamos. No se turbe tu corazón, confía en Jesús porque Él ha vencido. Cuando oramos, Dios nos muestra qué hacer. Él nos ayuda y nos guía. La fuerza que necesitamos y la sabiduría provienen de Él. Siempre que hablo con mi madre o mis hermanas, ellas me dicen: «Busca a Dios y verás cómo Él obra.»
No hay nada que se compare con la presencia y la gloria de Dios. Busquemos a Dios con todo nuestro corazón mientras todavía podemos encontrarlo. Podemos llamarlo, y Él abrirá la puerta. Podemos invocarlo, y Él nos responderá. Dios es el único que nunca nos abandonará.
No hay forma de detener los tiempos difíciles. «En los postreros días vendrán tiempos difíciles, tiempos peligrosos» (2 Timoteo 3:1). No se puede evitar que ocurran enfermedades. No se pueden detener las guerras ni la muerte, ni evitar epidemias y crisis. El dolor y las dificultades llegan a todos. Jesús nos enseñó y demostró lo que necesitamos saber y hacer para resistir y superar cualquier momento difícil. En todo lo que hizo, Jesús siempre tuvo al Padre presente.
«Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes» (Salmo 27:13).
El año pasado, fui sometida a una operación para que me removieran el útero, ya que los fibromas que crecían dentro causaban mucho dolor y sangrado. Mi útero crecía como si estuviera embarazada. Recuerdo que me hice unos análisis de sangre, y los médicos me dijeron que los resultados no eran normales. Me citaban cada semana para realizar laboratorios, y los resultados siempre eran los mismos. Me sentía agotada y cansada. Mis responsabilidades en casa y en la iglesia no paraban.
Aprendí que la oración no puede fallar. Aunque te sientas agobiada o desanimada, debes perseverar. Doy gracias a Dios por todos los que oraron por mí durante esos momentos difíciles, porque tenía miedo y estaba muy preocupada. No sabía cómo decirle a mi familia, a mis hijos y a mi madre, ya que esto también causaría tristeza y preocupación en ellos. Pero tuve que hacerlo. Lloramos y oramos. A Dios sea toda la gloria, logré superar la cirugía y la recuperación. Mi familia estuvo allí para mí; mis hermanos y hermanas en Cristo también; mis pastores no me dejaron sola. Hoy puedo decir que no estuve sola y que solo Dios puede sanar, porque Él me sanó.
No sé lo que te ha tocado vivir o sufrir, pero Dios es fiel. «No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (2 Timoteo 4:18).
Oremos:
Padre, los cielos cuentan Tu gloria y el firmamento anuncia las obras de Tus manos. Te presento a mis hermanas en este día, Tus hijas, oh Rey. Está escrito que en los últimos días habrá tiempos muy difíciles, tiempos que pondrán a prueba nuestra fe, que podrán entristecernos y angustiarnos, y que también causarán temor. Yo declaro en Tu presencia que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece (Filipenses 4:13). Dios mío, cubre nuestras mentes durante esos momentos difíciles. Necesitamos Tu ayuda, Tu fortaleza y Tu protección. Que no se turbe nuestro corazón, que no dudemos de Ti. Que Tu Espíritu Santo nos llene con Su presencia y que Él nos guíe. Que se haga Tu voluntad. En Cristo Jesús, amén.
Dios te bendiga y Dios te guarde.
Tu hermana y amiga,
Graciela Crespo

Preguntas para reflexionar:
¿Has tenido una experiencia donde la oración te haya dado la fortaleza para superar un momento de dificultad?
Reflexiona y comparte cómo la presencia de Dios te ayudó a encontrar paz y dirección en medio de la prueba.
Queridas Hijas del Rey,
¡Saludos en el nombre poderoso de nuestro Señor Jesucristo! 👑
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