La Intercesión en la vida cotidiana
Por Kilsia Delossantos
1 Timoteo 2:1 dice: «Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres.»
La semana pasada hablamos acerca del poder de la oración. Hoy hablaremos de la intercesión en la vida cotidiana. Pero antes, debemos preguntarnos: ¿qué es la intercesión? ¿Qué significa interceder? Interceder es el acto de orar a Dios en nombre de otras personas, pidiendo por sus necesidades, por su protección, por su sanidad o por su bendición. La intercesión es un acto de amor y compasión, ya que implica dedicar tiempo y esfuerzo en oración para que Dios obre en la vida de alguien más, ya sea para resolver problemas, guiar o intervenir en situaciones específicas.
Jesús es nuestro gran intercesor ante Dios. Después de su muerte y resurrección, Él ascendió al cielo, donde ahora está a la diestra del Padre, intercediendo continuamente por nosotros. Su intercesión es una expresión de su amor y sacrificio, ya que Él aboga por nosotros ante Dios, pidiendo perdón y gracia a nuestro favor. A través de su intercesión, somos justificados y reconciliados con Dios, y tenemos acceso constante a su misericordia.
En Romanos 8:34 nos dice: «¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” Este versículo nos deja claro que Jesús está a la diestra de Dios intercediendo por nosotros, asegurando nuestra justificación y salvación.
¿Te has encontrado alguna vez en un momento en el que Dios pone en tu corazón o en tu mente interceder por alguien?
Muchas veces, Dios nos mueve a orar por alguien que conocemos o incluso por una persona que no conocemos ni hemos visto jamás. Esto es lo hermoso de la intercesión.
Recuerdo una ocasión cuando estaba orando a las 3 de la mañana. Vi el rostro de una persona conocida, no entendía por qué, pero comencé a orar por esa persona. Más tarde, recibí la noticia de un familiar que esa persona había caído enferma y, en ese preciso momento, estaba siendo operada. Gracias a Dios, todo salió bien. A veces, Dios nos mueve a interceder por alguien, porque muchas veces hay batallas espirituales que se ganan orando e intercediendo.
En la Biblia, vemos mujeres de Dios que intercedieron en oración, como Ester, quien oró y ayunó por la liberación de su pueblo.
Ester 4:16: «Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.»
Su oración no solo fue por sus propias necesidades, sino por el bienestar de toda su nación, mostrando que nuestras oraciones pueden tener un impacto duradero en la historia y en el bienestar de los demás.
La intercesión abre nuestro corazón para discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas. Recuerdo que, cuando era joven, tuve una visión de un avión cayéndose. En ese momento, no sabía qué hacer, me sentía como Samuel cuando Dios lo llamaba y él pensaba que era el sacerdote Elí. Creía que quizá me había dormido, pero al finalizar el ayuno, salió en las noticias que un avión había caído. Vi la escena en las noticias tal como la había visto en la visión. Le expliqué lo sucedido a mi madre y ella me enseñó que, cuando Dios me revele algo así, debo interceder en oración.
A medida que oramos por otros, el Espíritu Santo nos guía y nos da sabiduría para saber cómo orar específicamente por sus necesidades. También podemos contar con el apoyo de personas maduras espiritualmente, como un pastor, que pueden guiarnos a través de la Palabra de Dios y sus propias experiencias.
1 Timoteo 2:1 dice: «Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres.»
Aquí nos destaca la importancia de orar por los demás, intercediendo en favor de todas las personas. Este es un llamado para las hijas del Rey, para que elevemos oraciones no solo por nuestras propias necesidades, sino también por las demás compañeras del Reino. Como mujeres de fe, la intercesión nos mantiene conectadas con el propósito de Dios, reconociendo que somos parte de un cuerpo mayor, el cuerpo de Cristo, donde cada oración tiene un impacto en el Reino de Dios.
Dios te bendiga y te guarde;
Pastora Kilsia Delossantos
Preguntas para reflexionar:
¿Has experimentado alguna vez el impulso de orar por alguien sin saber exactamente por qué?
Si es así, ¿cómo respondiste a ese llamado? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
¿Qué significa para ti ser una “hija del Rey” en el contexto de la intercesión?
¿Cómo puedes aplicar este llamado a orar no solo por tus propias necesidades, sino por las de tus hermanas en Cristo?
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Querida hija del Rey,
Te animo a compartir este devocional con una mujer especial en tu vida: una hermana, madre, hija o amiga que necesite recordar que Dios es nuestra fortaleza. Al hacerlo, estarás sembrando esperanza y fe en su corazón.
Gracias por ser un canal de bendición. Que Dios te use para inspirar y fortalecer a quienes te rodean.
